¿Dónde estamos en los malos tiempos?. Quizás en
Hawaii, Quizás en
Bombay. Los hay que aún están encerrados en
el cuarto de los huéspedes y otros que van
camino a Soria. También los hay que no se fueron de
miña terra galega donde el cielo es siempre gris.
¿Y cien gaviotas dónde irán? Allí estábamos, un día, dos días, tres días,
enamorados de la moda juvenil mientras
todos los negritos pasaban hambre y frío, uo, uo, uo. Estaba el
tonto Simón,
un pingüino en el ascensor, mis amigos,
Manolito, Joselito, Lolo, Sebastián... y
mis problemas con las mujeres. Nos pasábamos la noche
bailando y los vecinos, mientras tanto, no paraban de molestar; pero
la culpa siempre fue del cha cha cha.
Mirando a los ojos de la gente, te sentabas en el banco, bajo el semáforo donado por el Concello de Santiago, y, en
una décima de segundo, pasaba
la chica de ayer. Y llegaba el domingo y ¡Ay!
hoy no me puedo levantar. El local siempre lleno de miembros destacados del
Club del Alcohol y
Reinas del Caribe. Y en la puerta el cartel de COMPLETO.
Adios papá, adios mamá. Y, todos los sábados, a las tantas en punto, allí estaba el
Rey del Glam,
David Bowie, para bailar una repichoca con
Tina Turner. También era habitual
El Boss con su Jack Daniel’s y uno
U DOS amigos, y muchos más también. Y si era mes de verano, también estaban los de Madrí, porque claro,
allí no hay playa. POLICE venía de cuando en cuando para medir, a ojo de buen cubero, los decibelios del
message in a bottle, mientras Frikis,
amante bandido y mártir, les decía: “
de do do do de da da da es todo lo que quiero decir”. Y es que, ¿
quién detiene palomas al vuelo volando a ras de suelo?. Y las fiestas, ¿qué me dices de las fiestas?. Alquilar un ternero para hacer un San Fermín de juja,
"si se tumba le metéis los dedos en el fouciño para que se levante", decía el paisano. Fiestas sevillanas con caballos de Lorbé, trajes de alquiler y el camión de las gaseosas al más puro estilo rociero. Fiestas trogloditas, vampiras, sesenteras, el 600 de María José escaleras abajo para acomodarse en la barra... tropicales con más de cien metros de mural pintado a cien por hora, cuantas risas, cuantas fiestas, cuantas historias. Moita carallada.
Como hemos cambiado querido hombre G, que vives en el recuerdo. Parking se fue convirtiendo la
Calle del Rollo en la Calle del Olvido. Qué secretos, qué historias guardarán aquellos espejos, unos verticales, otros horizontales. Y es que en los 80s no había internete ni feisbú y lo que tenías que decir, lo escribías
sobre un vidrio mojado.
Firmado: un quedao de los 80s
Y hablando de luigotipos, este ochentero, que no es el primero, sino un rediseño de aquel del maestro Muñoz, está hecho antes de que los ordenadores de la manzanita fuesen nuestras herramientas de trabajo. Ahí como lo ves, Rotring con tinta negra y Letrajet para el color. El Letrajet era una especie de aerógrafo al que se le enchufaban unos rotuladores PANTONE, aún lo conservo en la estantería del recuerdo. Cómo hemos cambiado en esto del diseño gráfico.